mayo 29, 2024

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DESGARRADOR TESTIMONIO DE SOBREVIVIENTE DEL HOLOCAUSTO

*Emil Farkas, de 92 años, viajó desde su casa en la ciudad israelí de Haifa hacia la localidad de Brandemburgo, cerca de Berlín, para asistir al juicio y enfrentarse al ex guardia de campo Josef Schütz, de 100 años, quien está siendo juzgado por ser corresponsable del asesinato de 3.518 prisioneros judíos.

En el marco del juicio contra el guardia nazi Josef Schütz, quien sirvió durante casi tres años en el campo de concentración de Sachsenhausen, en Alemania, un sobreviviente del Holocausto brindó un desgarrador testimonio sobre esos años de terror.
Emil Farkas, de 92 años, viajó desde su casa en la ciudad israelí de Haifa hacia la localidad de Brandemburgo, cerca de Berlín, para asistir al juicio y enfrentarse al ex guardia de campo Josef Schütz, de 100 años, quien está siendo juzgado por ser corresponsable del asesinato de 3.518 prisioneros judíos.
Después de relatar detalles de sus experiencias en tres campos de concentración, Emil se dirigió directamente al acusado. “Estoy seguro de que me habrás visto muchas veces corriendo con el ‘Comando del Calzado’. Hoy vine a Brandemburgo a verte. Y, por lo tanto, quiero preguntarte: al final de tu centésimo año, ¿tu oscuro secreto vale tanto para ti que no puedes disculparte por tu contribución a mi sufrimiento? ¿No es hora de que seas valiente?”.
“No solo me viste, también siempre me escuchaste cantar la canción que estaba obligado a cantar. El nombre de la canción era ‘Erika’. Y así me escuchaste cantar la segunda estrofa una y otra vez… mientras pensaba en la hija de un año de mi hermana Peppi, que se llamaba Erika”, agregó.
“¡Usted, Sr. Schütz, se convirtió en un adulto y vivió 100 veces más que Erika! Me ha visto y oído en la zona de paso de lista y en la pista de pruebas. Sea valiente, al menos ahora, y pida perdón”.
Pero Schütz dijo al juez que presidía el caso, Udo Lechtermann, que no quería hacer comentarios.
Emil nació en febrero de 1929 en la ciudad de Zilina, en la ex Checoslovaquia, hoy Eslovaquia, en una familia judía ortodoxa de clase media. Era el menor de cinco hermanos: cuatro hombres y una mujer casada, madre de una niña de un año llamada Erika.
En marzo de 1939 comenzó la invasión nazi en Bohemia y Moravia, y el país se convirtió en un estado satélite del Tercer Reich. Desde ese momento, la persecución contra la población judía fue en aumento: la insignia amarilla se hizo obligatoria y, en marzo de 1942, comenzaron las primeras deportaciones a Auschwitz y Majdanek.
Entre los deportados a Auschwitz se encontraban Bela y Arpad, hermanos de Emil, y su hermana Peppi, junto a su esposo y su pequeña hija. Todos fueron asesinados.
Emil, en cambio, fue enviado a dos campos de concentración eslovacos: primero a Novacky, y luego a Sered. Posteriormente, a tres campos alemanes en los que las condiciones para los prisioneros eran mucho más duras.
En Sachsenhausen, en el año 1944, llevaba el número de tatuaje “119512″. Su madre, Matilda, le dijo entonces: “¡Aguanta! Sé fuerte, Emil”.
“¡La gimnasia me salvó del infierno de la aniquilación!”, comentó Emil. Según contó durante el juicio, a menudo hacía ejercicio antes de que los guardias nazis pasaran lista a las 5 de la mañana. La precisión y destreza de Emil impresionó a los guardias de las SS, quienes pusieron en conocimiento del caso al comandante del campo. Éste lo transfirió para trabajar en el “Comando de Prueba de Calzado”, que consistía en un grupo de presos políticos no judíos, cuya tarea era ablandar las nuevas botas militares nazis. Lo hacían marchando 30-40 kilómetros diarios desde las 5 de la mañana hasta las 5 de la tarde. Todos los días con un nuevo par de botas, mientras cantaban canciones militares nazis. La recompensa de semejante sacrificio físico era apenas un pedazo de pan extra. Pero esto ayudó a Emil a sobrevivir.
“Cualquiera que se derrumbara era fusilado inmediatamente. Lo experimenté todos los días”, reveló Emil, quien gracias a esa destreza y habilidad llegó a ser atleta profesional y a formar parte del equipo nacional de gimnasia israelí.
Dirigiéndose al acusado, Farkas dijo: “Señor S., la sentencia de mi madre se ha hecho realidad. He sobrevivido a la destrucción causada por el orden nazi. Un orden al que usted se unió voluntariamente”.
El acusado, no obstante, guardó silencio en todo momento.
Emil Farkas es el único sobreviviente de Sachsenhausen que ha comparecido como testigo en el juicio, que sigue en curso.
“No hace falta decir que testificar en el juicio no fue una tarea fácil para Emil. Preparar una narración cronológicamente detallada de todos los diferentes campamentos e incidentes importantes habría sido un desafío para alguien de la mitad de su edad. Mucho más para un nonagenario de casi 93 años. Afortunadamente, el abogado alemán Thomas Walther lideraba el ‘equipo’ de Farkas. A los familiares de Emil y a mi nos invitaron a acompañarlo al juicio. Walther, quien junto con su colega Kirsten Goetze es responsable del cambio dramático en la política alemana de enjuiciamiento frente a los criminales de guerra nazis, la que facilitó los tardíos juicios alemanes de la última década, elaboró una declaración dramática para que Emil la pronunciara en el juicio”, señaló el doctor Efraim Zuroff, principal cazador de nazis del Centro Simon Wiesenthal, en un artículo publicado en el portal Vis A Vis.
“Escuchar ese testimonio en hebreo en un tribunal alemán, leído por el esposo de la nieta de Emil, Doron Ben-Ari, quien tuvo que reemplazar a Emil por razones técnicas, fue una experiencia inolvidable y que encontré extremadamente conmovedora”, añadió el Director de la Oficina del Centro que abarca Israel y Asuntos de Europa del Este.
Zuroff comentó, además, que en las entrevistas que brindó Emil durante los últimos días en Berlín, “enfatizó la importancia que atribuye a los juicios de perpetradores de edad avanzada como Schütz, incluso después de tantos años de haberse cometido los crímenes”.
El juicio contra el ex guardia nazi es internacional, con co-demandantes de diferentes países como Israel, Francia, Holanda, Polonia, Alemania y Perú.

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